sábado, 26 de enero de 2013

Jesús de Nazaret, un maestro diferente. La enseñanza del amor.


Hace dos mil años atrás en Israel, existía un sistema de enseñanza donde los judíos desde pequeños iban a escuelas a prender a leer y los elementos básicos del judaísmo y la Ley de Moisés.  Posteriormente los Rabí (maestros) veían entre los chicos quienes tenían cualidades y quienes no para proseguir a un estudio mas avanzado.  Los chicos que consideraban que no tenían aptitudes eran regresados a su casa, y los chicos con supuestas aptitudes eran tomados de sus familias, con previo acuerdo de los padres para que se convirtieran en discipulados del Rabí. 

El Rabí enseñaba en las sinagogas y a sus discipulados los elementos esenciales del Pentateuco, enseñaban sobre la Ley y eran ejemplo de cumplimiento de la Ley de manera tajante. Hablaban de personajes de la Biblia desde Adán y Eva, Abraham, Isaac, Jacob, David, Salomón y los reyes y profetas, etc. y los ponían de ejemplo de bendición o maldición según el caso. 

Para la mayoría de estos rabinos el cumplimiento de la Ley era básico  y lo hacían de manera fría y metódica olvidando lo que se dice en Oseas 6:6 "Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos".

Los maestros de la Ley, Fariseos y Escribas, eran hombres que practicaban el cumplimiento de la Ley de una manera metódica pero también de manera indiferente hacia las personas. Su indiferencia hacia el pueblo y las cargas que colocaban sobre la gente los hacia personas respetables pero no había afecto o amor en la relación de los rabinos y el pueblo.

En esos tiempos aparece Jesús, un maestro que a diferencia de la mayoría de los Rabí, tomo como discipulados a gente adulta la cual habían sido rechazados por el sistema educativo. Este maestro llamado Jesús de Nazaret no tomaba las Escrituras para enseñar que hizo o que no hizo Abraham, Moisés o los profetas, sino que solo los llegaba a citar como referencia. Y mas bien Jesús enseñaba "principios". Jesús no solo hablo de cumplir la Ley, sino que le dio su verdadero sentido al resumirlo como; "Amar a Dios sobre todas las  cosas y al prójimo como a uno mismo". El amor fue resaltado en sus enseñanzas y en muchas ocasiones hablo de la dureza de corazón de los hombres como fuente del mal. Cuando los maestros le recriminaron a Jesús de que sus discípulos no se lavaban las manos antes de comer, Jesús les dejó en claro que la impureza espiritual no entra por la boca sino que sale del corazón del hombre (Mateo 15: 11 al 20). 

Jesús también enseño la importancia del perdón como una forma de amar al prójimo y la relación tan estrecha con el perdón que Dios nos da (Mateo 18: 23 al 35). Jesús no solamente enseñaba sobre el amor y el perdón, sino que también daba el ejemplo, pues perdonó a la mujer adultera (Juan 8:1 al 11) y perdonó a sus verdugos cuando exclamó al Padre. "perdónales porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34). 


También Jesús enseñó que el amar (buscar el bien del alguien)  no es solo a nuestros seres queridos o a nuestro amigos, o a los que nos hacen el bien, pues no hay merito en ello, sino que también hay que amar al enemigo, aquellos que nos persiguen, ultrajan, maldicen y nos aborrecen (Mateo 5: 38 al 48). También enseñó quien es nuestro prójimo  y puso de ejemplo a un samaritano, que en aquel tiempo judíos y samaritanos se odiaban. El buen samaritano (Lucas 10: 25 al 37) es el ejemplo mas claro de que los hombres se deben amar y cuidar superando barreras étnicas o religiosas. Pues el maestro de la Ley le hace la pregunta a Jesús de, "qué debe de entender como prójimo" Jesús le contesta de tal manera de que su prójimo no es otro judío como él, sino también un samaritano tan odiados por los judíos de aquella época  un equivalente a nuestro tiempo del desprecio entre católicos y protestantes.  Por lo tanto podemos decir que muchos protestantes y católicos no han podido aprender de la enseñanza del buen samaritano. 

Son muchas las enseñanzas de Jesús, pero todas se resumen en el principio de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Pero es claro que las enseñanzas de Jesús son impracticables, no las podemos realizar pues son contrarias a nuestra naturaleza humana caída o pecaminosa. Para muchos es irrisorio el amar al enemigo como algo inalcanzable o imposible, pues nadie puede amar (hacer el bien) a su enemigo. Inclusive el perdonar a otros es algo que no se le da a muchos seres humano, costal de rencor es lo que acostumbra a cargar. El hombre por mas religioso sea judío o cristiano no puede alcanzar la practica de las enseñanzas de Jesús.




Por lo tanto la enseñanza mas básica de Jesús es la que esta en Juan capitulo 15, donde Jesús dice ser la Vid verdadera y sus discípulos los pámpanos:

Juan

15:1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 

15:2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 
15:3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. 
15:4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 
15:5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. 


En el versículo 4, esta la palabra "permanecer en él". La única manera en que una persona pueda llevar las enseñanzas de Jesús a la practica es por medio de una comunión con Cristo, por medio del arrepentimiento, reconociendo que NO somos amor, que somos egoístas, que somos indiferentes a los demás,  que no perdonamos y almacenamos rencor, que odiamos y aborrecemos a otras personas, que despreciamos lo justo, etc. Y que tenemos la disposición de cambiar el rumbo de nuestras vidas, eso es el arrepentimiento. Y la comunión con Cristo no es un rito o ceremonia con un pan y vino, sino con una entrega de nuestra vida a Cristo por medio de la fe y de la confianza en su muerte y resurrección para salvación de nuestra vida. Orando a Dios en el nombre de Cristo día a día para ser renovados y transformados y ser aptos por el Espíritu para llevar el buen fruto en amor a Dios y hacia los demás. 

                                 

Solo adheridos a Cristo podemos amar a Dios y amar al prójimo y cumplir con la Ley la cual no esta anulada ni justifica al hombre, pero que es la voluntad de Dios para su Iglesia. Aquí nos debemos pregunta hasta que punto las Iglesias Protestantes o Evangélicas son capaces de trasmitir la idea de que ser un cristiano es ser una persona que pone en practica las enseñanzas de Jesús por estar adherido a esa Vid verdadera.  Y hasta donde las Iglesias se limitan a enseñar en Escuela Dominical quien fue Abraham, quien fue Moisés, David, reyes y profetas, etc, y ponerlos de ejemplo de lo bueno y lo malo como lo hacían los Rabí, o si realmente Escuela Dominical cumple con el objetivo de hacer discípulos como Cristo los hizo. 

La historia se repite, al igual que en los tiempos de Jesús donde los Fariseos y maestros de la Ley imponían cargas e indiferencia a la gente. La religión hoy en día se ha hecho obsoleta, con lideres religiosos  indiferentes a las necesidades de la gente, imponiendo cargas en los ritos, cultos y festividades religiosas, pero olvidando la misericordia y la Justicia.

Mejor participemos del Nuevo Pacto por medio de Cristo. El cual consiste en que Dios por su parte, nos perdona nuestras faltas y nos da salvación gratuita por medio de la fe en su Hijo (Efesios 2: 8 y 9). Y nosotros ponemos nuestras vidas en disposición para aprender a perdonar a los demás dejando el rencor, y amando (haciendo el bien) a nuestros enemigos, pues si aprendemos hacer el bien a nuestros enemigos, cuanto mas podremos hacer por los que amamos y enseñar a otros hacer lo mismo. En esto consiste el Nuevo Pacto. 

Y no olvidemos la gran comisión que dice; "Id y haced discípulos a todas las naciones . . ." (Mateo 28: 19) El hacer discípulos entre la gente implica, que las personas comprendan que deben llevar a la practica las enseñanzas de Jesús y que solo lo pueden llevar a cabo por medio de la comunión estrecha con Cristo por medio de la fe. Esta es la buena fe que da fruto y la que salva, no por las obras, sino por estar adherido a la Vid que da la vida. 


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